La humanidad ha avanzado, no debido a que fue sobria, responsable y cauta, sino porque ha sido juguetona, rebelde e inmadura.



Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar la tristeza.
Lo único que puede hacerse es atravesar el dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso.






















Vistas desde fuera, muchas existencias parecen equivocadas, irracionales. Solamente caminando con sus zapatos entendemos sus motivaciones, sus sentimientos, aquello que hace que una persona actúe de una manera en vez de hacerlo de otra.














Emprende el viaje a Ítaca, pero demórate lo más que puedas. Haz muchas escalas, teniendo siempre presente tu isla, la que andas buscando. 
Al final llegas a Ítaca, ¿y qué descubrirás? Que la verdadera Ítaca era el viaje.















La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre sola. 
Me dice que no tenga miedo, si no que avance.











¿Cómo alguien que no conoce el futuro podría comprender el sentido del presente?
Si no sabemos hacia qué futuro nos lleva el presente, cómo saber si merece nuestra adhesión, nuestra desconfianza o nuestro odio...