La humanidad ha avanzado, no debido a que fue sobria, responsable y cauta, sino porque ha sido juguetona, rebelde e inmadura.


No importa la realidad que te toque vivir, 
la desesperanza nos inmoviliza y nos orienta a la negatividad 
en la que no es posible reunir las energías constructivas necesarias
 para el embate recreador del mundo.

Pensar y sentir esperanza 
ya es en sí mismo un acto transformador, 
movilizado por la energía de la intención.

La imaginación nos ayuda a formalizar una idea 
en torno a una realidad distinta a la que nos crea la desesperanza, 
un mundo necesario y diferente, 
como un primer paso hacia la creación de un cambio
 de aquello que no deseamos, 
eso es la esperanza.

Es una manera de oponerse activamente 
sin temor a cualquier acontecimiento adverso de la vida.
Es una manera de no aceptación de lo actual como definitivo, 
aún cuando tenga apariencia de inmutabilidad. 


Es un noble impulso hacia la vida, 
utilizar la desesperanza y el desaliento 
como objetivos de la vida a revertir.
 Si esta allí, frente a mi vida, 
debo tomarlo como un escalón
 de la evolución a superar en aprendizaje.