"…Además, se puede ser una persona decente durante toda una vida,
pero no se puede ser sublime sin interrupción, y por eso el héroe
sólo lo es excepcionalmente, en un momento o, a lo sumo,
en una temporada de locura o inspiración.
Ahí está Allende, hablando por Radio Magallanes,
tumbado en el suelo en un rincón de La Moneda,
con la metralleta en una mano y el micrófono en la otra,
hablando como si estuviera borracho o como si ya estuviera muerto,
sin saber muy bien lo que dice
y diciendo las palabras más limpias
y más nobles que yo he escuchado nunca…"
– Roberto Bolaño